Anatomía de una ciudad conectada y sostenible, el tiempo

Anatomía de una ciudad conectada y sostenible, el tiempo

enero 07, 2018

En la medición de la calidad de vida hay muchos indicadores relacionados con la variable tiempo como una forma de valor añadido e, incluso, una parte del salario emocional. Las ciudades abiertas, en fondo y en forma, incluyen en su idiosincrasia la calidad de vida, la justicia social, el esparcimiento observable desde diferencias prismas: El trabajo, las relaciones sociales o el descanso. El esparcimiento y el ocio no sólo necesitan el recurso tiempo en sí para ser reales, sino que también debe de existir opciones para disfrutarlo y un equilibrio con el resto de elementos cotidianos.

La oferta de la ciudad debe de ser amplia, accesible y adaptable a una demanda en continua transformación. Debido a la variedad de actividades, comportamientos y tendencias urbanas, en el proceso de generación de “tiempo libre” intervienen varios factores inherentes a la propia ciudad.

Una morfología coherente y una red viaria eficiente

Los desplazamientos en sí se vuelven óptimos en tiempo de recorrido y en tiempo de espera de uso. Conscientes de que el espacio urbano consolidado es espacio físicamente difícil de reformar, las soluciones tecnológicas pueden paliar esas disfunciones y deseconomías. No ocurre lo mismo con los nuevos desarrollos y promociones urbanas, que pueden convertirse en laboratorios in-situ de las dinámicas que se plantean desde la filosofía Smart: Sostenibilidad, equidad, accesibilidad, etc.

El índice de motorización (no armonizado en el UE) indica que, pese al creciente porcentaje de población urbana, prácticamente hay 1 vehículo motorizado, público o privado, por cada 2 ciudadanos. Las ciudades inteligentes se plantean ahorrar tiempo y costes con transportes públicos y logística eficientes. Para llevarlo a cabo se necesita la participación de todos los agentes urbanos y la implementación tecnológica de las herramientas necesarias para su consecución.

La descongestión del vehículo privado se “combate” con el diseño de una red de transporte alternativa que permita a las personas, mercancías e información alcanzar sus respectivos destinos sin demoras y con comodidad y seguridad: Padres con sus hijos hacia un centro educativo, una madre camino del trabajo, una persona anciana hacia su centro de salud y un médico visitando un paciente con movilidad reducida son ejemplo de usuarios potenciales y masivos (huyendo de los clichés) de una red de transporte público con estas características.

Administración ágil y Accesible

Aquí debe residir gran parte de los esfuerzos de la innovación abierta de las ciudades y sus acciones deben de ir encaminadas en 2 dos direcciones: Administración electrónica y una gobernanza abierta y transparente. La filosofía reside en que la interacción Ciudadanía – Administración supere ese estigma de las gestiones tediosas y el rechazo que suponen. Incentivar a todos los sectores para que participen en la toma de decisiones y en el diseño de actuaciones y nuevas políticas debe acompañarse con procesos ágiles y no demasiado invasivos del tiempo de las personas.

Los beneficios podrían visualizarse a corto plazo y generarían un sentimiento de pertenencia al participar de la evolución del paisaje urbano y de todo su ecosistema. Se trata de construir un lugar para “vivir y pasar tiempo en el” y no “invertir tiempo de forma forzada”. La percepción de un espacio cambia cuando se experimenta dicho sentimiento de pertenencia, lo cuidamos, mejoramos y participamos de él.

Una oferta de ocio democrática y accesible

Una vez superadas las necesidades básicas de subsistencia y los sucesivos periodos de guerras que han caracterizado la historia, las sociedades empiezan a invertir tiempo y recursos en el esparcimiento que no es, en esencia, sino otro recurso. El estado del bienestar, a lo largo del siglo XX, generó y consolidó el concepto de ahorro familiar y la posibilidad de desviar recursos hacia la faceta más hedonista del ser humano.

El paradigma Smart que nos atañe abarca aspectos tales como la educación, la cultura (visto como el arte y los espectáculos) y el papel del espacio público cerrando así el círculo de necesidades, oferta y demanda de la ciudad. La aparición de aplicaciones móviles de gestión de recursos turísticos y de ocio han acercado física y mentalmente al ciudadano la oferta y la ha dotado de “inteligencia” para adaptarse a la demanda y llegar más lejos a más individuos y colectivos, es decir, se especializa. Ya no es la consecuencia de un estudio de mercado donde una nimia prospección o muestra determinará futuros lanzamientos de productos o servicios, sino una información viva que habla un idioma universal y hace partícipes a todos los agentes urbanos.

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