Los Centros de Procesamiento de Datos, un cerebro y un estómago nuevo para la ciudad

Los Centros de Procesamiento de Datos, un cerebro y un estómago nuevo para la ciudad

junio 13, 2018

Las ciudades están sometidas, como ya sabemos, a profundos procesos de cambio. Hasta hace relativamente poco evolucionaban de forma lenta e inconexa. Poco a poco llegó el alumbrado público, la pavimentación, la extensión de la red de saneamiento, las regulaciones urbanísticas y la zonificación. Éstos no son más que ejemplos grandilocuentes de grandes hitos urbanos.

La sensorización es otro hito que silenciosamente se está consolidando en las ciudades que aspiran a ser inteligentes, es decir, en prácticamente todas. Junto con la sensorización, la evolución de los teléfonos móviles y la alta capacidad de las redes de internet estamos en un momento donde la información ha estallado en nuestras manos y ha rebosado todos los recipientes donde la conteníamos, de este modo han aparecidos los conceptos de BIG DATA y OPEN DATA.

Para poder recopilar y digerir toda la información que recibe la ciudad gracias a esos canales se hace presente la figura de los Centros de Procesado de Datos (CPD), que se componen de una arquitectura física (una instalación con ordenadores, servidores, conexiones, personal técnico, etc.…) y una arquitectura lógica en la que hay una jerarquía de procesos y una forma de trabajar al servicio de la información. En estos centros se recaban los datos procedentes de sensores, apps móviles municipales y aplicaciones web para tratarlos, filtrarlos y depurarlos, transformándolos en información y ésta, a su vez, en conocimiento. Se exprimen los datos para analizarlos y sacar conclusiones para poderlas aplicar a la gobernanza inteligente.

 

¿Qué se extrae de ese gigantesco volumen de datos? Las posibilidades son enormes, como información sobre afluencia en espacios públicos, tráfico, movilidad, incidencias o avisos de emergencias, indicadores de sostenibilidad (huella de carbono, presencia de contaminantes atmosféricos y de ruido ambiental), grado de éxito de iniciativas, grados de satisfacción de servicios mediante encuestas públicas, resultados de participación ciudadana, ofrecer información transparente e interesante sobre la ciudad a sus habitantes, niveles de gasto y un largo etc.

Gracias a los CPD se abren muchas posibilidades para extender la red nerviosa de la ciudad y dotarla de mayor vida, dada su gran capacidad de acogida permite que las temáticas de la recogida de datos de sensores sean muy variadas, favoreciendo el poder analizar y diagnosticar los servicios urbanos casi en tiempo real, siendo además una herramienta escalable en el territorio.

Toda esta maquinaria de análisis no sería de utilidad si no tuviese un objetivo material, y es dar información a los cuadros de mando urbanos para generar una serie de indicadores visuales que faciliten la toma de decisiones acerca del grado de evolución de la ciudad en su hoja de ruta hacia convertirse en inteligente. Así, se pone en bandeja a la gobernanza poder reaccionar de forma eficiente y transparente ante la detección de problemas o servicios a mejorar y, de forma proactiva, codiseñar con la población nuevos servicios y rediseñar los tradicionales.

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